*Al principio de la escritura hay una gran mancha de tinta, como si hubiesen dejado la pluma apoyada, pero no se hubieran decidido a escribir. Donde empieza la escritura, lo hace con un trazo poco claro. Resulta evidente que fue escrito en un momento de gran tension.*
Esta hecho. Ya no correra ningún riesgo por mi. Ahora ella esta a salvo y eso es lo único que importa. Lo unico. La heri, de una forma que jamas me podre perdonar, pero no es perdon lo que busco, si no su felicidad. Y eso es algo que yo jamas le podría haber garantizado. Nunca pude y nunca podre. Ni siquiera puedo conmigo mismo, y principalmente por eso, es que debia dejarla ir. El dolor, en cambio, nunca se ira. Asi como lo que siento, sentí, y sentire por ella. Una parte de mi alma murio cuando la deje ir por primera vez al salirme de la Academia. De nuevo sucedió lo mismo al dejarla a cuidado de mi hermano, cuando me "enferme". Sin embargo esta vez a sido diferente, por que murio en mi algo incluso mas profundo que eso, algo que jamas podra volver a vivir. Hice lo que debía, y no pienso arrepentirme. Hacerlo seria aceptar que no soy mejor que la basura de la que me tuve que dizfrasar para convencerla de que no debía amarme mas. No se si podre, pero tratare de explicar todo desde el principio.
Acababa de regresar a Ventormenta. Esa ciudad no habia cambiado a pesar del tiempo, las símbolos mágicos sobre los adoquines seguían allí, y nadie parecía darle importancia. Yo tampoco lo hice y me diriji directo a la posada de Allison. Al entrar, me la encontré. Decidido a liberarla de todo lazo que la uniera a mi, para asi alejarla de mis malos hados, la mire y carraspee. Ella se dio vuelta y, al reconocerme, una lágrima rodo por sus mejillas. Eso fue el comienzo del fin.
Dio un paso titubeante, mientras que Allison se daba vuelta y me miraba con una sonrisa, y luego se arrojo encima mio, rodeandome con sus brazos.
- Sabia que no habias muerto, lo sabia en el fondo de mi corazón. - Me dijo mi Nienna, su rostro humedecido por las lagrimas que no podia contener. - Por que, porque le dijiste a tu hermano que me mintiera? - Me pregunto, mirándome a los ojos.
Mi desicion se tambaleaba, con la mujer que amo en mis brazos. Se me hacia tan difícil hacer lo que debía. Podía dejar todo de lado y huir con ella, olvidando todo nuestro pasado. Pero escapar no resolvería nada, eso lo sabia. Ella seguiría corriendo peligro mientras estuviera conmigo. Debía terminar con esta tortura cuanto antes, antes de que mi voluntad me fallara.
- Hay alguna habitación que podamos usar, Al? - Le dije a la posadera, esquivando la pregunta de mi amada, mientras la tenia entre mis brazos.
- Si, la de la derecha, la que siempre usas. No os preocupéis, nadie os molestara. - Me respondió, con una sonrisa picarona.
Subimos la escalera, tomados de la mano, ella aun temblaba por las profundas emociones que la arremetían. Estaba mas hermosa que nunca, ataviada con una simple tunica de color marrón, y sin mas adorno que los brazaletes de amatista. No necesitaba nada mas, lo que yo veia en ella no se podía "realzar" con ropas o accesorios. La mirada que ella tenia para mi era todo lo que necesitaba para congelarme. Por eso, yo deliberadamente evitaba mirarla. Eso solo lo haria cuando finalmente le dijera lo que le tenia que decir.
Entramos a la habitación, y nos sentamos en la cama. Trate de comenzar a explicarme, a decir lo que debía decir, pero ella me miraba, me acariciaba, me intentaba besar, impidiendome continuar. Yo trataba de no responder a sus caricias, pero era casi imposible. Ya no le importaba nada, no pedía explicaciones, no deseaba respuestas. En su mente, al igual que en la mia, no habia nada mas que el amor que nos teníamos. Lentamente mis defensas fueron bajando, mi resistencia cedía ante sus manos. Ella trataba de quitarme la armadura de mallas, los pantalones de anillas, y aunque todo me decía que debía negarme, mi mente no podía hacer nada por que mi corazón me dominaba ahora. Y el decía que no habia necesidad de esperar.
* El trazo aqui se quiebra, una zona un poco arrugada muestra los restos de lágrimas que se secaron. Un poco mas abajo, el relato continua*
Totalmente fuera de mi, comencé a desvestirme, mientras también la ayudaba a quitarse la ropa. Besos, caricias, gemidos, eramos instinto puro, sentimientos largamente contenidos se dejaban fluir, dominándonos. Ella era una simple campesina humana de color, con la contextura trabajada de un soldado, y la dulzura de un ángel. Yo, un Alto Elfo de castaños cabellos, con el físico de un guerrero, y un amor hacia esa humana que no puede explicarse con palabras. Nos amamos, locamente nos amamos, sin dejar lugar a duda sobre lo que sentíamos. Sin retener ninguno de nuestros impulsos, saboreando cada sensación. Esa noche no la olvidares jamas, y aunque principalmente sea por que entonces perdí toda esperanza de ser verdaderamente feliz, también sera por que conocí el amor verdadero. Sentirse en verdad deseado, en verdad elegido por el otro por lo que eres, sin ningún tipo de imposición exterior. Puedo morir y nadie podría negar jamas que no conocí el amor y la felicidad, aunque solo durara unas pocas horas.
Cuando terminamos, ella se quedo dormida acurrucada junto a mi. El frenesí habia pasado, y yo sentía toda la culpa de mis actos, todo la vergüenza de haberle fallado de esta manera. Sabia de manera inevitable que tendría que herirla para que dejara de amarme, pero después de esto alejarla de mi era doblemente dificil, y seria doblemente doloroso para ambos. Necesitaba pensar, pero mi mente no podía quitarse de encima lo que acababa de pasar. Asi que decidi salir, únicamente tomando mi espada. Debía despejar mis pensamientos, y tal ves salir y practicar un poco ayudara. Recorrí el camino que llevaba fuera de la ciudad, y me interne en el bosque. Alli, no demasiado adentro, encontré unos arboles lo suficientemente gruesos como para practicar mis estocadas. Estuve maniobrando la espada unos diez minutos hasta que un mal movimiento, y el peso de la espada en el brazo izquierdo aun herido, me hicieron detenerme. Entonces, de entre los arboles por donde había venido, Nienna apareció, apenas vestida. Me sorprendió verla alli, pero antes de que pudiera decir nada, ella dijo:
- No se cual es el mal que te aqueja. Vi tus heridas, y la marca que llevas en el brazo izquierdo, pero eso no me dice nada. Sin embargo aun puedo hacer algo por ti. Esto - Dijo, mostrando un pequeño paquete envuelto. - te ayudara seguramente. Me guio hasta ti, del mismo modo en que mi brazalete te atrajo a mi aquella vez. - Termino, mirándose los brazos, en el lugar donde los brazaletes irían. Me entrego el paquetito, y yo lo desenvolví con cuidado. Para mis sorpresa, lo que cayo al suelo fue un cristal de sangre. Un cristal de sangre no rojo, si no violeta. - Lo encontré en las ruinas de la morada del hechicero. Entre los escombro, su brillo me llamo, y eso solo fue el primer indicio que tuve de que seguías vivo. - Continuo, tomando del suelo el cristal. - Su brillo, errático e incontinuo, me indicaba en que direccion buscarte, pero nunca llegaba a tiempo. Estoy seguro que esta piedra podra ayudar a recuperarte, sea cual sea el mal que tengas.
Como si todo lo demas no fuera suficiente, me entregaba aparte de su amor y su fidelidad, la respuesta a mi enfermedad. O tal vez solo una promesa. Aun asi, eso no cambiaba el hecho que no la merecía, ni tenia derecho a que arriesgar su vida dejándola quedarse cerca mio. Estaba a cada momento mas seguro de que lo que quería hacer era lo correcto, pero del mismo modo en que crecía mi seguridad, se reducía mi fuerza de voluntad. No podía, era demasiado débil, demasiado humano.
- No debemos seguir juntos. No puedo estar junto a ti, no te amo, no siento nada por ti. - Dije, pero mis palabras sonaban vacias y sin ninguna convicción. Sin embargo finalmente lo habia dicho. Solo quedaba escuchar su respuesta, otro golpe, incluso mayor que todo lo anterior. Sabia que este momento llegaria, y cerre los ojos, rogando por que no lo hiciera mas difícil. Pero no fue asi.
- No te creo. Veo en tu rostro que lo que dices no es verdad. Jamas creería eso, no de ti. Te amo, y se que tu a mi. No me alejare de ti. No te perdere de nuevo. - Me respondió, para mi pesar, acercándose a mi.
Estaba perdido, no podría lograrlo, era demasiado difícil. Pero era a todo o nada, debía convencerla de que se alejara de mi. Entonces, cometiendo la mayor locura que jamas hice, llevando a cabo el peor de mis herrores, le arrebate la piedra de sangre de las manos. El cambio fue progresivo, pero veloz. Ahora sentía lo que debía haber sentido Thila al tocar la otra piedra de sangre. Una vez mas, como en el Exodar, todo era rojo. El resplandor de mis ojos paso del azul natural de un alto Elfo, a un rojo sangre. Toda la inseguridad que sentía se evaporo, quemada por el sentimiento de ira que crecía en mi interior. Sin embargo, esta vez permanecía mi mente despejada, aunque estuviera totalmente distorsionada mi vision de las cosas. Me pare, y la mire, con un gesto de completa altivez, jamas visto en mi.
- Yo, amarte? Eres una simple humana, eres menos que un insecto. Si, me divertí contigo. Eh de aceptar que tienes cualidades, pero harias mejor de emplearlas en un burdel. Ahora que tengo lo que queria, - Dije, mirando la piedra. - no me sirves mas. Asi que si quieres jugar a la chica enamorada, ya puedes ir a buscar a mi hermano. O a Meridas, otro sucio humano como tu. Harias una buena pareja con el, dos simples simios amaestrados, entrenados para servir a gente que no os valora, que os daria a los lobos a cambio de salvar su propio y sucio pellejo. Pero no se de que me sorprendo, si esa es la naturaleza de tu raza. Pero no importa, yo ahora me voy, que descanséis bien, "amor".
Habia tanto odio, tanto veneno, tanto desprecio e insulto en mis palabras que en un primer momento ella no supo que responder. Sin ambargo aun quedaba algo de mi verdadera conciencia en mi, y le di una ultima mirada antes de alejarme. Entonces ella reacciono.
- Es mentira! Todo eso es mentira! Si fuera verdad no te hubieses detenido a verme por ultima vez. Me quieres alejar, no se porque, pero no lo lograras. Es mi desicion arriesgar mi vida. Algo de lo que dijisteis es verdad, soy una simple humana, pero no por eso me dare por vencida contigo. - Me respondió, con lágrimas en los ojos, tratando de mantener la voz firme, pero fracasando estrepitosamente.
Mi nueva conciencia llego a un limite. Habia sido "cortes", habia sido "delicado". Ahora habia que dejar las cosas claras, mas alla de toda duda. Con un veloz movimiento me di vuelta y, tomándola desprevenida, la arroje contra una roca detras de ella, dejanola indefensa en el piso. Entonces, en un accion que nadie hubiese imaginado, desenvaine mi pesada espada, y la blandi contra Nienna. Todo estaba en camara lenta en ese instante, viendo como la espada se dirigía a cortar el cuello de la persona que mas amaba en el mundo.
* Una vez mas, el trazo se detiene y nuevas marcas de lágrimas secas se ven. Esta vez, el manchón es mas grande que antes.*
Los hados han sido crueles conmigo, pero esa noche me tuvieron piedad. O toda la piedad que podrían haberme tenido. En la trayectoria, la espada termino por dar contra la roca, y con un gran clang, y una lluvia de polvo, la espada y la roca se partieron. El golpe habia sido tremendo, podria haber cortado uno de esos arboles con los que antes practicaba, ni hablar de lo que le podria haber hecho a Nienna. Cuando la nube de polvo se asento, pude ver sus ojos. Aquellos ojos que me mostraran unicamente amor y comprension, eran ahora posos de terror. Mi intento, aunque fallido en la intencion de herirla, habia tenido exito en convencerla.
- Una pena desperdiciar tan bonita espada. Si no fuera por esa piedra... - Dije, pateando los escombros a un lado de la humana. - Bueno, espero que este claro ahora que hablo en serio. No quiero volver a verte, jamas. Toma tus porquerías, y alejate de esta ciudad. Regresa a la tierra maldita de la que viniste, o haz lo que quieras, pero no te metas de nuevo en mi camino. "Suerte", niña, la necesitaras.
Tras eso, Nienna se levantando, temerosa de acercarse a mi, y se fue corriendo. La ultima vision de su rostro envuelto en lágrimas me decía que habia tenido éxito. Jamas la volvería a ver. Habia logrado con un rotundo éxito arruinar mi vida de ahora en mas, privándome de toda felicidad. Pero ya no seria un peligro para ella. Unos minutos después de que ella se fuera, cai al suelo de rodillas, soltando el mango de la rota espada, y la piedra de sangre. Mi verdadera conciencia volvía a mi, a medida que la influencia de la piedra de sangre se iba de mi mente. Las lágrimas cayeron sobre mis manos, levantadas frente a mi rostro, mesclandose con la sangre producto de la fuerza con la que agarre la piedra de afiladas aristas. Finalmente habia logrado llevar a cabo mi tarea, pero el gusto de la copa de ese triunfo no podia ser mas amargo. Habia intentado voluntariamente herirla, y eso jamas me lo podría perdonar. No merecía ni deseaba otra cosa que el olvido. Me quede alli, tirado en el piso junto a los fragmentos de la espada, y la maldita piedra de sangre violeta.
* Se nota un casi imperceptible cambio en el estilo de la escritura. El trazo ahora es mas firme, vacio de todo expresión de pesar o alegría como habia tenia antes. No se podía leer sentimiento alguno en la escritura en esta ultima oración.*
Los fragmentos de la espada que me regalara Caledra Dawnbreeze por mi colaboración con la Comunidad. Entonces habia evitado la muerte por muy poco. Ese dia, tres semanas después, habia buscado, y encontrado, con sumo éxito, la muerte. A partir de entonces solo me quedan mis deberes con la comunidad. Ni siquiera la piedra de sangre es ahora un consuelo, poco cambiaría que descubriera sus secretos. Pero hay que continuar, como siempre.
* Nate cierra el cuaderno, habiendo completado todas sus hojas. Algunas fueron arrancadas, para cartas o mapas, u otros asuntos que requerían de papel, pero en su mayoría esta entero. Tras atarlo con unas tiritas de cuero, bajo al salón de la posada y se lo dio a Allison, para que lo guardara con el otro. Ella lo miraba con una mirada triste, adivinando en parte lo que sucedio con la chica el dia anterior. Tomo el cuaderno y lo guardo. Nate, tomo sus cosas, y salio a las calles de la ciudad.*









